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El Jardín de las Preguntas sin Respuesta.

El filósofo caminó durante días siguiendo mapas dibujados en sueños, hasta que encontró una verja de hierro cubierta de hiedra. Al cruzarla, accedió a un jardín sin igual: allí, los árboles murmuraban dudas antiguas, los lirios susurraban dilemas existenciales, y las enredaderas se retorcían formando interrogantes que flotaban en el aire como luciérnagas silenciosas.

Una voz invisible lo recibió: “Para salir de este jardín, deberás responder tres preguntas”. El sabio, intrigado, aceptó el desafío. Caminó entre senderos cubiertos de preguntas, algunas brillaban con luz tenue, otras lo perseguían como sombras persistentes. Leyó una de ellas grabada en la corteza de un olmo: “¿Qué es la verdad cuando todos creen una mentira?”

Formuló una respuesta precisa, lógica, brillante. Al hacerlo, el árbol que sostenía aquella pregunta se marchitó, dejando tras de sí un hueco desolado. Lo mismo ocurrió con una fuente de agua que guardaba otra pregunta: “¿Es libre quien teme ser libre?” Respondió, y el agua se secó.

Fue entonces cuando comprendió que cada respuesta que imponía, apagaba una chispa de belleza, destruía un rincón del misterio que hacía vivo aquel jardín. No todas las preguntas estaban hechas para ser resueltas; algunas solo deseaban ser contempladas, acariciadas con el pensamiento, no poseídas por la certeza.

Ante la tercera pregunta, se detuvo. Era la más sencilla y la más profunda: “¿Quién eres cuando dejas de buscar?” No respondió. Cerró los ojos y se sentó en silencio. En lugar de marchitarse, la flor que la contenía floreció aún más.

Cuando abrió los ojos, la verja estaba abierta. El jardín no le exigía respuestas, sino respeto. Salió sin destruir más belleza, sabiendo que algunas preguntas no nacen para ser respondidas, sino para mantenernos despiertos.

— Una semilla de luz, para quien elige honrarse antes que perderse.

🌾 ¿Qué quiso enseñarnos esta semilla?

Nos recuerda que no todo misterio debe resolverse, que la búsqueda de certeza puede marchitar la poesía de la vida. Algunas preguntas existen no para ser respondidas, sino para mantener viva la llama del asombro y la humildad del no saber.

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